martes, 14 de febrero de 2012

Revivir el jardin Botanico

Revivir el Jardín Botánico de Bogotá

Por: Elespectador.com


Nada profundo ni de envergadura, en medio de la miríada de anuncios que ha venido haciendo por doquier, ha dicho el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, sobre el Jardín Botánico. ¿Preocupante silencio o reflexión seria?

Hubo una época, no muy pretérita, en la que los bogotanos se sentían grata y justificadamente orgullosos de su Jardín Botánico. No sólo por sus árboles, senderos y exhibiciones. Con todo ello en el mejor de los estados posibles, el jardín llegó a ser una institución de investigación naciente, con alta calidad, científicos promisorios y credibilidad.

Del Jardín Botánico obtenían las secretarías del Distrito y hasta la misma CAR, a falta de otro lugar a donde ir, información sobre la flora y los ecosistemas andinos, mapas y, en ciertas ocasiones, sabios consejos sobre el entorno.

Su revista científica, nombrada en honor de su fundador, el padre Pérez Arbeláez, estuvo a punto de ser clasificada entre las buenas del país, y su grupo de investigaciones inició la acreditación ante Colciencias.

La visita al Jardín fue siempre reconfortante. Admirable la forma en que con terquedad histórica transformaron un potrero de kikuyo y eucaliptos en una colección de la diversidad de la flora andina. En sus caminos, lagos, invernaderos y exhibiciones hubo otra época en que la administración se dedicó a embellecer e introducir elementos de la mejor jardinería y paisajismo. Toda una naturaleza, por diseño, lista para rebasar las rejas e invadir la ciudad.

Hubo otros tiempos en los que el Jardín salió efectivamente a la ciudad, y contribuyó sensiblemente a revolucionar la sosa jardinería bogotana, el casi desnudo espacio público duro y el mediocre pastizal de kikuyo. También hubo un momento en que el Jardín emprendió programas de agricultura urbana y con una gran sensibilidad social llegó a las zonas más desprovistas de flora y belleza.

Cada una de estas épocas representó un énfasis de las pasadas administraciones. Lamentablemente, también algunas de ellas echaban por la borda el legado de las anteriores. No pocas veces su acción fue reformada desde las políticas e ideologías; pero alcanzó a sobrevivir manteniendo su identidad.

En los últimos años, sin embargo, el Jardín Botánico entró en un proceso de decadencia manifestado en el olvido y la suspensión de muchos de los programas mencionados, sin que ninguna apuesta contundente los hubiera reemplazado.

La pérdida de su memoria científica es síntoma contundente de su degradación, por cuenta no ya de la política, sino de aquella versión del manejo de lo público sin norte ni apego de la cual hoy nos avergonzamos. La misión del Jardín Botánico no sólo está vigente, sino que es urgente. Un centro de investigación, un sitio para mostrar, recrear y aprender.

Un Jardín que debería tener sedes alternas, en los ecosistemas representativos en la periferia de la gran ciudad. Una institución conectada con la conservación de la naturaleza en la región. Una, en fin, que nos identifique de nuevo a los colombianos. Con unos científicos decentemente retribuidos que allí hagan carrera, que luchen por la naturaleza que debe retornar a la ciudad.

El alcalde Petro tiene la palabra. Ojalá no la de borrón y cuenta nueva, sino la de reconstruir y dinamizar sobre lo antes construido y hoy derruido.



MONICA R. FIGUEROA P.
ING. AGRÍCOLA
UNIVERSIDAD SURCOLOMBIANA


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